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Beni Díaz

El punto caliente durante los meses de junio, julio y agosto de este año ha sido la franja de Gaza, el miserable pedazo de tierra que les quedó a los palestinos después de la creación del estado de Israel. Un territorio menguado y acotado a base de muerte y exterminio.

Bombardeos sobre Gaza.  Mexico CNN

Bombardeos sobre Gaza. Mexico CNN

La masacre implacable de civiles a manos del ejército israelí, ha atraído la mirada de los medios de comunicación y de la opinión pública internacional, tanto como de simpatizantes como de detractores de las actuaciones del ejército. El resultado es una masacre implacable, miles de civiles muertos a causa de los bombardeos indiscriminados en los cuales han perecido una gran cantidad de hombres, mujeres y, sobretodo, niños.

 

Las razones que ha exhibido Nertanyahu, presidente de Israel, han sido demostradas falsas. Incluso tras esta demostración, la operación “Margen Protector” ha continuado aumentando su sangriento balance.

 

Netanyahu propone su derecho de defensa contra cohetes caseros Kassam con misiles teledirigidos “Spike”. Se dice en el deber de destruir túneles construidos bajo Gaza, aunque para ello deba reducir a escombros las casas y matar a sus habitantes. No importa su inocencia o culpabilidad. Todos son HAMAS.

 

SPIKE_ATGM

Cohetes caseros Kassam

Arriba, Misil teledirigido Spike del ejército israelí. Abajo, cohetes caseros Kassam. Wikipedia

 

El bombardeo de enclaves protegidos por los Derechos Humanos y la Convención de Ginebra ha sido obvio y visible para todo el mundo. Poner en la lista de objetivos principales mezquitas, hospitales, colegios infantiles sedes de la UNRWA (Sección de la ONU para la ayuda a Palestina), así como el ataque contra ambulancias y camilleros que trataban de auxiliar a heridos, constituye, más allá de crímenes de guerra, una demostración palmaria del límite al que Israel está dispuesto a rebasar. No existen las líneas rojas, demarcadas anteriormente por acuerdos entre seres humanos. Solo queda el odio y la convicción de la guerra ideológica.

Funeral en Gaza. EFE

Funeral en Gaza. EFE

La comunidad internacional, como es habitual en este conflicto, ha mirado impávida hacia otro lado. Temerosas voces alientan protestas que los mandatarios hacen con la boca pequeña, intentando salvaguardar algo de honradez ante los miles de muertos. ¿Es posible que hayamos olvidado, desde 2009, el poder que tiene el sionismo internacional? La falta de reacción y condena por parte de estados occidentales ha venido a demostrar que este poder es algo que no podemos olvidar, puesto que es capaz de doblegar a su voluntad gobiernos de todo el planeta: lobby de peso, cuidado de simpatías por un sinfín de empresas económicas y conglomerados comerciales, embajadas, producción militar, amigos en las esferas intelectuales y culturales. El sionismo y su vertiente más fanática, encuentra sitio para presionar en cualquier lugar.
Incontables personas se han dado cuenta de la timorata condena de los organismos internacionales, cuando no de la hipocresía abyecta de la administración Obama, en pos del premio Nobel de la paz, cuando condenó la muerte de civiles en Gaza mientras enviaba más armamento a su inseparable amigo Israel.

 
Mientras tanto, los críticos y los contrarios a la guerra, por ejemplo, en España ponen el grito en el cielo a través de Internet y las redes sociales. Lanzan consignas, hashtags y artículos de opinión, sabiendo que esto es tan inútil como patadas de ahogado. No hay manifestaciones multitudinarias. No hay protesta civil ante entidades directamente responsables, como nuestro ministerio de Defensa, entrado en tratos con Israel. No hay una condena firme por crímenes de guerra, a pesar de su hecho flagrante. Tan solo un pueblo exterminado, pobre y olvidado. Quizá una invitación al boicot de sus productos, la negativa de gobiernos y naciones a continuar con el comercio, la presión popular en contra de la impunidad sea una salida activa. Pero no.

 

 

Gaza tras los bombardeos. NuevaRepública

Gaza tras los bombardeos. NuevaRepública

Esta violencia sin sentido ha ido a estallar cuando la gente más busca un alivio vacacional. En pleno verano. El público no quiere ver en el telediario cómo la gente pobre muere hecha pedazos por las bombas, a manos de un ejército fuertemente armado. Quiere sol, playa y bebidas frescas. Quiere noticias de deportes y helados con sirope de caramelo. Sucedió con Siria. La gente tiene conciencia, quiere hacer algo, pero ¡Ay! No les toques las vacaciones.

 

La RAE define el genocidio como “exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, etnia, religión, política o de nacionalidad”. No deberíamos revisar demasiado la actuación de las fuerzas de ocupación israelíes para darnos cuenta de lo mucho que se acerca esta definición a la realidad de esta guerra.

 

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