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Beni Díaz// Hace unas semanas veíamos nacer a una nueva agrupación política, venida a completar el borroso espectro de la democracia en España. VOX llegaba de la mano de dos hombres de peso, antiguos militantes del Partido Popular: Santiago Abascal, antiguo dirigente de las NNGG de Euskadi y Ortega Lara, funcionario de prisiones secuestrado por ETA entre los años 1996 y 1997. Los abanderados de la nueva agrupación se distancian del discurso de su alma mater, el Partido Popular, expresando la opinión de un sector interno del susodicho partido, en desacuerdo con las políticas que se llevan a cabo desde el gobierno.

Los pilares de VOX se basan en aspiraciones que se gestan en el seno del Partido Popular, tales como la disolución del estado de autonomías, que definen como “un intento bienintencionado pero fallido”. Abogan por la creación de una nación recentralizada con un solo Gobierno y un solo Parlamento nacional, aceptando solamente una “descentralización administrativa”.

Presentación del partido. Fuente: Hispanidad.com

Presentación del partido. Fuente: Hispanidad.com

Este punto aboga claramente contra las esperanzas independentistas de cualquier parte del territorio, señalando con dedo acusador al caso catalán y vasco. No habría sitio para el derecho a elegir o la autodeterminación de los pueblos, un derecho que considero inalienable para cualquier comunidad.

Se consideran un partido de “centro-derecha, liberal en lo económico y conservador en lo moral”, una ecuación que está de moda entre la mansedumbre amante de la propiedad privada que babea por un control estatal menos riguroso de los negocios y del dinero. Una suma de factores que les hace parecer una agrupación moderna y dinámica, pese a su confrontación directa con temas como la regulación del aborto o el matrimonio homosexual. En declaraciones de Santiago Abascal en la conferencia de presentación del pasado día seis de febrero en Valladolid: “VOX defiende la “cultura de la vida” y la familia tradicional […] La izquierda está obsesionada con la cultura de la muerte y sale a la calle a defender como un derecho uno de los grandes dramas de nuestra sociedad”.

La cita es un buen ejemplo para destapar parte de la ideología que busca imponerse a los derechos de las mujeres y los homosexuales. No hay lógica tras este argumento. Tan solo el abuso tradicional de la moral católica española a la que VOX quiere sacar brillo y exponer en lo alto de un pedestal, quizá añorando tiempos más sencillos en los que las órdenes debían de ser acatadas en silencio.

Que estamos asistiendo a un momento de crisis del Partido Popular es evidente: los abundantes casos de corrupción (Gürtel, Bárcenas y compañía), diferencias de opinión en temas como el aborto, oscurantismo en la toma de decisiones, oídos sordos a la ciudadanía, elijan ustedes. Sus intentos de dar imagen de unidad se van al traste con la aparición de este nuevo partido que, sorprendentemente, puede estar más a la derecha que la propia derecha.

Ahora, la escisión se ha hecho carne y hueso. Pasen y vean, no duden en meter la mano en la herida abierta de Ortega Lara, el hombre que aseguró que nunca iba a sacar rédito político de su condición de víctima del terrorismo. Algo que le faltó tiempo para hacer, primero solapadamente en el Partido Popular y ahora para sí mismo con su nuevo partido, que cuenta ya con la “exorbitada” cifra de 3.000 afiliados en todo el territorio nacional.

Ortega Lara durante el acto de presentación. Fuente: Ileon.com

Ortega Lara durante el acto de presentación. Fuente: Ileon.com

La marcha de Vidal Quadras, rostro del PP en Europa, suma un apoyo importante para VOX, que muestra sus cartas: caras conocidas, discurso populista y promesa de transparencia. El populismo de derechas es similar al de la izquierda, dadas las consignas de conseguir poder para “los de abajo” que consiga desplazar a los dirigentes “instalados” despóticamente en el Gobierno.

Mientras huyen de ideologías abiertamente nazi-fascistas como no hacen otros partidos de su misma catadura, VOX queda a merced de los vientos que soplen desde las bases. ¿Cuánto tiempo queda para que esos mismos militantes les exijan convertirse en un partido contra los inmigrantes al estilo de Plataforma por Cataluña, con el infame y abyecto Josep Anglada a la cabeza? En España ya tenemos nuestra propia basura fascista con grupúsculos como DN, FrN o España 2000. No queremos un nuevo “Amanecer Dorado”, violento y racista. Téngalo en cuenta a la hora de realizar afiliaciones precipitadas. La derecha tiene compañeros de cama muy variopintos y, en algunos casos, profundamente antidemocráticos.

Aunque todavía es pronto para observar fallos, su destino está del lado de los descontentos con las políticas del Partido Popular. Gente renegada convencida de que votar a la derecha es la solución a sus problemas, decepcionada por el equipo de gestión que ellos mismos colocaron en el poder. Ilusos.

Publicado en Cuencanews.com

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