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B.Ch.D

Han tenido que venir desde Argentina a terminar con la impunidad con la que se movían  los torturadores del franquismo. Los mismos que repartían golpes y asfixiaban a detenidos en sus oscuros calabozos de las comisarías de los tiempos de la dictadura. Esos cobardes desalmados que hasta hoy se han mantenido con un bajo perfil, ocultos, protegidos por los agradecidos contactos que hicieron durante su servicio a Francisco Franco. Su mísera existencia es un insulto para la sociedad democrática. ¿Cómo se puede permitir que elementos de carácter fascista, embrutecidos y probablemente psicóticos por sus actos criminales circulen libremente por la calle, como ciudadanos honrados? Sus manos están manchadas con sangre de los que luchaban por la libertad en medio de la represión brutal.

Ejemplo de interrogatorio bajo tortura. Publico.es

Ejemplo de interrogatorio bajo tortura. Publico.es

Nos referimos al antiguo inspector de policía  José Antonio González Pacheco, alías Billy El Niño. El retrato que nos ha llegado es el de un fascista ansioso de ascender, que nos recuerda a los asesinos colaboradores de Videla de la película “El secreto de tus ojos”: un hombre muy joven, con el afán de hacer hablar a los detenidos a costa de golpes y maltrato. De palizas y dientes rotos. De huesos astillados y hemorragias. Según una de sus víctimas, Jose María Galante, “Era muy peligroso porque no tenía muchas luces y sí una impunidad absoluta. Era bastante alfeñique, poca cosa. Se ponía delante de ti a hacer gestos de kárate, te daba una patada y te decía: ‘Eres un gran saco de golpes’. No era un funcionario que torturaba, era un torturador compulsivo, disfrutaba haciéndolo: ‘Te puedo destruir”.

Nos referimos a Jesús Muñecas Aguilar, antiguo capitán de la Guardia Civil. Un personaje que sonreía cada vez que le propinaba una paliza a un detenido por guardar propaganda comunista en su garaje. No se lo pierdan: también fue uno de los implicados en el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Ya ven, antes torturador, luego golpista y más tarde ciudadano de a pie. Un humilde servidor de la ley, no hay duda.

Tejero durante el golpe del 23F.

Tejero durante el golpe del 23F. Foto de Manuel Pérez Barriopedro

De los cuatro torturadores reclamados por la jueza argentina María Servini de Cubría solo quedan ellos vivos. Resulta particularmente indignante que el sistema gubernamental no haya hecho más que poner trabas al proceso de estos individuos. Esta escoria residuo de la dictadura está sin duda protegida por el ejecutivo, el cual, a través de la Fiscalía, que retrasó el mandato de la “Noticia roja” de la Interpol para que el caso cayera en manos de su juez títere Pablo Ruz, y más tarde por parte del Ministerio Público, al cual no le hacía gracia procesar a cuatro miembros de los cuerpos de seguridad. ¿Cómo explicar el tiempo que se ha permitido que estos tipos hayan estado libres? Bochornoso para cualquier sistema, más para uno de herencia directa de aquella situación.

No me sorprende. Otros muchos criminales de la dictadura siguen sueltos. El Gobierno no es famoso por su colaboración para aclarar las muertes del fascismo. Tampoco lo es por la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Mucho menos para permitir la detención de estos perversos criminales, su extradición, algo que levantaría ampollas. Intentarán tirar tierra sobre el asunto. Que los culpables mueran apaciblemente en sus cómodas camas, mientras los supervivientes de las torturas no volverán nunca a ser los mismos.

Publicado en La Noticia Imparcial, el 28 de septiembre de 2013

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