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Radioactividad. Fuente: estrellanegra.wordpress.com

B.Ch.D

Cada vez que enfrentamos una noticia sobre el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de Villar de Cañas, Cuenca, nos encontramos con dos posturas contrarias sobre el tema. Por un lado se encuentran los acérrimos defensores, con todo tipo de promesas sobre progreso y enriquecimiento para las personas que pueblan la pequeña localidad castellana. Por el otro, los detractores, identificados por los medios como ecologistas y gente de izquierdas en general.  Nos llama la atención la falta de consenso entre ambas facciones, dado que se discute algo que, en realidad, ya no tiene que decidirse: el cementerio nuclear se construirá allí, sobre la tierra cruda.

Lo dijo Soraya Sáenz de Santamaría (Portavoz del Gobierno) el año pasado. María Dolores De Cospedal (Presidenta de la Comunidad de Castilla La Mancha por el Partido Popular)  lo consideró una “magnífica noticia”, a pesar de rechazar las actividades nucleares en CLM cuando se encontraba en la oposición.

El gobierno del Partido Popular es el principal valedor de la decisión de que el ATC se construya en la pequeña localidad de Villar de Cañas, de no más de 500 habitantes. Según los argumentos oficiales (lo que están a favor) se trata de unas instalaciones completamente seguras que traerán beneficios económicos al pueblo y a toda la Comunidad. Además es necesario, pues los residuos nucleares hay que almacenarlos en alguna parte.  Para ellos, ni siquiera es un verdadero cementerio, ya que se proponen realizar actividades de reutilización y transmutación  que servirían para crear combustibles “reactores de cuarta generación”.

Por su parte, asociaciones ecologistas esgrimen contraargumentos al respecto de los ofrecidos por la propia administración: ni estos centros son seguros, ni se proporcionarán beneficios a la comunidad, ni es necesario construirlo en España: en el extranjero ya existen y se pueden alquilar.

 En medio de la polémica está el pueblo de Villar de Cañas, una población de la España profunda, personas que viven allí desde generaciones. Gentes sencillas. Gentes que, según cierta prensa, se les iluminan los ojos cuando se les habla de “seguir teniendo las ventajas de vivir en un pueblo, pero con las comodidades de una ciudad gracias al ATC”

Central Nuclear. Fuente: http://www.energia-nuclear.net/

¿Esas gentes de verdad creerán las promesas de progreso económico y de aumento de la población? Dicen que el precio de los terrenos donde se situará el cementerio ha sido concedido al alza, que el precio del suelo en el pueblo también ha subido. Que miles de currículos han sido entregados en el Ayuntamiento, que lloverán ayudas del Gobierno y que los empresarios emprendedores ya están colocando sus proyectos de negocio.

Cierto es que se trata de un pueblo agricultor. Todos sufrimos la crisis económica. En el sector agrario es, si cabe, más pronunciada aún. Sin embargo, es una situación normal de muchas  localidades conquenses. Están luchando por conseguir no caer en el pozo del olvido, de la despoblación y de la falta de trabajo. No por ello venden el futuro de una zona a precio de risa.

No estamos en contra de la industrialización, tampoco del progreso económico de una zona deprimida. Pero el cinismo demostrado por la Administración es digno de vergüenza. ¿Cómo puede asegurarse que los residuos nucleares se pueden controlar de forma segura? Un incidente en ese lugar y nos envenenarán a todos.

¿Cómo puede asegurarse que la construcción y puesta en marcha de tal almacén traerá trabajo a la región, si el Ayuntamiento no tiene poder para conceder los puestos de trabajo? Probablemente, la empresa contratará a personal con cualificación específica. Y los traerá de fuera, con buenas condiciones de contratación, por supuesto. Ellos, el Gobierno, hace la ley, luego hace la trampa. No se sorprendan si en el futuro, venden el espacio en el ATC a Gobiernos extranjeros a cambio de suculentos beneficios. Todo el asunto está demasiado politizado, se aleja de la necesidad real o no de que haga falta un almacén de estas características. El Partido Popular y sus secuaces en los medios apoyan sin fisuras la medida. Por el otro lado, algunas voces de la izquierda y los ecologistas se manifiestan con vehemencia en contra del cementerio nuclear.

En el último puesto están las gentes de Villar de Cañas. Posicionadas en el debate, algunas no dudan en defender un sistema complejo y peligroso para su medio de vida. La revitalización del pueblo no es más que una promesa. Una promesa política.

Hoteles de lujo, nuevos comercios, empresas de ingeniería, personas que dejan sus trabajos en el extranjero para venir a trabajar en el ATC. Un idílico paisaje de prosperidad al calor de los residuos nucleares. Un proyecto vendido a personas que creerán en cualquier esperanza destructiva en medio de la crisis que nos azota.

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