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Benito Díaz// Una ola de calor golpea la península. Nos dirigimos al Parque del Huécar, en el centro de la ciudad.  Allí espero encontrar a algunos practicantes de este baile brasileño, “capoeiristas” como suelen llamarse. El parque está fresco, el río pasa corriendo a un lado, dejando a su paso gladiolos amarillos en su ribera. Zonas verdes circundadas por setos bajos. La sombra de los árboles se proyecta corta a las seis de la tarde de este verano anticipado. Pronto aparece Héctor Martínez, alumno primerizo de Capoeira. Según explica, solo lleva cuatro meses dando lecciones de este arte marcial, mitad lucha, mitad baile étnico. Precisamente, este es uno de los aspectos que más gusta a Héctor, de 21 años. Comenta que había probado diversos deportes de este tipo pero que todos le parecían iguales, tradicionales, que se tardaba demasiado en conseguir logros. “Al final, elegí la Capoeira porque me parece más dinámico, más divertido al ser como un baile… Me pareció más interesante.”

Héctor Martínez, capoeirista

Héctor Martínez, capoeirista

El profesor de Capoeira se llama Zileu Aligueiton Pinto, más conocido en la ciudad por “Calango”, su apodo de capoeirista. Es un hombre de unos cuarenta, delgado, fibroso, tez oscura y tocado con un pañuelo. Natural de Australia y criado en Brasil, practica este deporte desde hace 32 años, discípulo del Mestre Quito. Ha competido en varios torneos en Brasil, también en Madrid y Barcelona. Preguntamos  por su grado de maestría: “Para ser maestro de capoeira necesitas entrenar a diario, respetar a tu maestro, difundir la Capoeira, atender a tus alumnos, no buscar problemas en la calle… Para ser un maestro necesitas ser disciplinado, dentro, fuera del gimnasio y en la vida personal. Todos los años hay examen para pasar de cinturón, que llamamos “corda”, cuerda. En primero, segundo, tercero, cuarto, quinto grado, hay examen anual o dos en un año, según el grado de maestría. La primera cuerda es blanca, la segunda es blanca-amarilla, la tercera es amarilla, la siguiente es amarilla-naranja, la quinta es naranja… Es como en el Taekwondo o el Karate. En la Capoeira es un poco distinto porque empiezas con la blanca y luego de llevar cincuenta años haciéndola, terminas con la blanca otra vez. “

Mestre Calango

Mestre Calango

Ambos se preparan para la “roda”, rueda, el espacio donde tendrá lugar el baile. Se forma un círculo en el suelo integrado por capoeiristas y músicos. La música es una parte importante del ritual, ya que es “una lucha bailada”: “Es trabajada con ritmos, con tambor “Atavaque” o “birimbao”, con pandereta “pandero”,  hay tres personas en el ritmo y otras cantando. Es un ritual, no incorpora nada pero te da energía en el cuerpo, “jogas” mejor, te sale mejor. Sin música también se puede hacer pero no es igual.”, nos explica el Mestre Calango. La Roda debe tener unos tres metros mínimos de diámetro. Dentro de ella debe haber dos bailarines. ¿No hay músicos ni gente suficiente en la Roda de hoy? No importa, el Mestre saca unos minialtavoces de su mochila. La música está preparada. La velocidad del baile viene determinada por el sonido del birimbao, así, se “joga”, juega, más rápido o despacio.

Estirar es importante. Los muchachos bromean sobre la flexibilidad del Mestre y él asegura que tiene 25 años. Antes, dice, era todavía más flexible. Difícil de creer, viendo cómo consigue doblarse sobre sí mismo. Ambos, descalzos sobre la yerba, están preparados para comenzar la sesión. Héctor dice que una sesión normal dura una o dos horas. Sin embargo ha llegado a dilatarse hasta cuatro. Comienzan con la “ginga” o “balanceo”. Se trata de acompasar el movimiento con el del contrario, en una suerte de espejo. Aprovecho para intentar conocer algo más de la historia de este baile-pelea. “La Capoeira original viene de África. Hace unos 70 o 60 años, había un maestro en Salvador de Bahía que se llamaba, “Mestre Bimba”. Su nombre real era Manoel dos Reis Machado. Fue el que creó los movimientos de la Capoeira actual, Capoeira Regiona . Cambió los movimientos en el suelo por otros más altos, incluyendo movimientos de otras artes marciales y movimientos relacionados con los animales, como la patada de un burro o los gestos de un “macaco”, el vuelo de un murciélago.  En Brasil se pensaba que era una actividad de gente “mal hablada” de vagos, de gamberros que se juntaban en las calles porque no tenían trabajo ni nada que hacer. Entonces la policía perseguía a los capoeiristas, no les dejaban bailar en las plazas públicas porque pensaban que estaban haciendo vandalismo en la calle. Te llevaban preso 16 meses o un año. Luego esto cambió y se reconoció como arte. Ahora está extendida por todo el mundo” cuenta el Mestre.

Comienza la roda

Comienza la roda

A pesar de tratarse de un deporte de contacto, no hay contacto alguno con el contrario. De hecho, es raro que se golpee directamente. Se trata más de una demostración, de exhibición, como nos explica Héctor. Puede haber algún golpe, pero no es lo que se persigue. Pese a ello, también se intercambian golpes violentos en rodas más competitivas según el ritmo. Existe una variante (Capoeira Angola, Mestre Pastinha) que utiliza distintos tipos de armas, como garrotes, navajas en los pies y hasta la cuerda del Birimbao. Giros, patadas, ágiles movimientos de ataque y defensa. Observamos un ejercicio natural, fresco, más cerca de la expresión artística que de un violento deporte de contacto. Preguntamos al Mestre cómo es la escena local: “En Cuenca, antiguamente, como no había habido nada antes, la gente se interesaba más. Tenía bastantes alumnos. Pero ahora la gente ya no se anima, creo que por la crisis, aunque pienso que 20-25 euros no le hace mal a ningún bolsillo. Pienso la gente se interesa poco, pero hay que ir despacio, hay que darse a conocer más… la Capoeira es un arte. Es bonita, si ves a 20 o 25 personas bailando, seguro que piensas “¡Ah la capoeira es Guay!”

El Mestre explica los movimientos a Héctor

El Mestre explica los movimientos a Héctor

Cae la tarde. Los estorninos rasgan con sus alas el cielo. Antes de marcharnos, preguntamos a Héctor a quién recomendaría practicar este deporte: “Recomendaría practicar Capoeira a todo el mundo. El Mestre Calango me cuenta que los maestros viejos pueden llegar a morirse practicando, no como al principio, quizás no con tanta energía pero siguen haciéndolo. Quiero decir que no es algo peligroso, que es algo que puede hacer la gente desde pequeña y si lo hace desde entonces, mucho mejor.”

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