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Beni Díaz// Ya tardaba el Gobierno en poner las cartas sobre la mesa. Puede que lo peor de un ejecutivo electo es que cuando llega al poder, gobierne. Porque lo hará desde su propio punto de vista. Un punto de vista extremista,  neoliberalista. Una administración que promulgará leyes de emergencia para que nadie pueda oponerse. Y estará legitimado por la absurda mayoría absoluta. No hay muro de contención que limite estos poderes. Da lugar a la reflexión de que, a veces, la democracia es bien poco democrática.

El anuncio del anteproyecto de la llamada Ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como “Ley Anti 15M” o “Ley de la patada en la boca”, permitía al fin vislumbrar a la bestia que se agazapa tras la máscara de moderación del Gobierno del Partido Popular: se trata de unas personas que, lejos de resolver la cruda situación económica de la nación, se han preocupado de redactar toda una ley para criminalizar las protestas que se realizan a su gestión. No es que no les importe un pimiento la opinión del pueblo, es que además quieren quitárselo de en medio, que queda feo en el panorama internacional tener a un montón de gente descontenta y visible en las calles.

Fernández Díaz, Ministro del Interior, impulsor de la medida

Fernández Díaz, Ministro del Interior, impulsor de la medida

Si la ley Corcuera ya era un paradigma de la legislación represora, la ampliación que pretende el gobierno la convierte en un método totalmente actualizado para reprimir y perseguir a los indignados. No es casualidad que en las redes la noticia haya fluido bajo el título de “Ley Anti-15M” pues uno de los apartados incluye varias de las actividades que la plataforma llevó a cabo en su día. Desde el momento de su aprobación, será ilegal protestar frente al Congreso de los Diputados. Sus señorías podrán estar tranquilas de que no serán molestadas por el populacho mientras toman importantes decisiones regadas con cubatas a tres euros en la cafetería.

Cargas durante el 25S

Cargas durante el 25S

La policía también tendrá carta blanca para “disolver” manifestaciones ilegales, procediendo a la detención y multa de aquellos que perturben el orden público tocados de gorras o capuchas. Los escraches estarán prohibidos. “La grabación y difusión de imágenes de agentes de las fuerzas de seguridad en el ejercicio de su trabajo que atenten contra el derecho a su honor o su imagen y que puedan poner en peligro su seguridad o la de la intervención policial correspondiente” (en clara referencia a las grabaciones de las cargas policiales y de las intervenciones para los desalojos de inmuebles desahuciados).

Más poder en manos de la policía. Obstaculizar el trabajo de la prensa. Reprimir por medio del miedo a una fuerte multa (Muy graves, como las anteriores, de entre 30.000 a 600.000 euros) las manifestaciones ciudadanas. Lo que está claro es que se trata de una medida disuasoria, destinada a procurar desalentar a los individuos que participan de las movilizaciones sociales. ¿Quién puede permitirse que le pongan una abrumadora multa por salir a la calle a protestar? Sobre todo con unas medidas de libre interpretación como estas. Si al señor policía le da que se está alterando el orden y el desdichado lleva una gorra puesta, bien seguro que a alguien le va a caer una paliza y una multa.

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Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior, invitaba a informarse bien sobre la ley, dado que “solo se han cambiado algunas conductas que dejan de ser delito para convertirse en falta sancionada administrativamente”. Parece que hay que ser idiota para no comprender que no se debe hablar de lo que no se sabe. Aunque sería más fácil poder hablar si se tuviese la información en la mano y la opinión de uno valiese de algo.

Todo parece transcurrir en un entorno que llama a la ciencia-ficción: el pueblo que, paulatinamente, va perdiendo todos sus derechos, que ve cómo las instituciones públicas pasan a ser controladas por multinacionales bancarias. Los pobres pierden lo poco que tienen, no hay trabajo y la desesperación hace mella en las conciencias que se sienten arropadas por los breves espacios de luz patrocinados por el gobierno. En nombre de Dios, de la patria y del rey. En nombre del capitalismo y a favor de los pudientes. Las protestas son aplastadas con violencia y muerte.  Entran en vigor leyes preparadas especialmente. La represión causa miedo y el miedo controla a la población. Lo siguiente será construir edificios faraónicos para guardar en ellos los cadáveres de tiránicos líderes que vayan falleciendo de viejos. Y mientras hombres y mujeres sirven de mano de obra esclava, se preguntan cómo han llegado a eso.

Artículo publicado en lanoticiaimparcial.com

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2 pensamientos en “Ley de Seguridad Ciudadana y Distopía

  1. Pingback: Como buitres sobre Mandela | Periodista en Serie

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