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Fuente: propia

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B.Ch.D

Encendimos el televisor a eso de las doce y veinte. Se esperaban las declaraciones anunciadas de Mariano Rajoy, Presidente de Gobierno en horas bajas. Habían prometido la intervención del mandatario y que sus palabras resolverían su posición frente a las acusaciones de corrupción provenientes del análisis de La Lista de Bárcenas. Eso sí, se trataba de unas declaraciones que Rajoy realizó ante un Comité Ejecutivo Nacional de su partido, esto es, ante los suyos, no ante la ciudadanía. Máxime cuando no se ofreció rueda de prensa alguna, impidiendo de esta manera que los periodistas formulasen preguntas al presidente y se pudiera desempeñar la labor de intermediación entre el pueblo y el poder político.

Rajoy se limitó a proponer a los medios que se citasen en un angosto local de la sede del partido en Génova 13 y que, a través de una pantalla de tv, atendiesen a las explicaciones que Mariano dio en esta ocasión extraordinaria.

Cuando el presidente, después de hacerse esperar durante cuarenta minutos, salió al estrado, le vimos agitado. No es su estado natural, de tranquilidad pachorra, de interés fingido, vimos su sonrisa artificial pintada bajo una frente perlada de sudor. Como un nuevo Richard Nixon que pestañea como Betty Boop frente a las cámaras mientras rebosa cinismo e hipocresía.

En su brevísima intervención de poco más de diez minutos, aseguró que el Partido Popular se ha guiado por unas reglas que incluyen la transparencia, el rigor y la diligencia. “Todo es falso” dijo Rajoy. Para zafarse de las acusaciones que le relacionan directamente con el cobro de dinero negro en concepto de sobresueldos no declarados al fisco, propuso la consulta de su declaración de la renta y patrimonio, la cual, dijo, se encontrará disponible al público en la web de la Moncloa en breve. Habrá que verlo.

Tras eso, arremetió con firmeza contra los papeles de Bárcenas. Decimos con firmeza, aunque al mandatario le salió algo más parecido a una rabieta. Habló de infamias, de infundios, de unos papeles escritos a mano a los que no les dio la más mínima credibilidad. “Nunca he recibido ni repartido dinero negro”.

Continuó con la parte más sorprendente de las declaraciones: aquellas que, quizás, justificaban desde una perspectiva inocente, la honradez del Presidente, al recordar sus tiempos como registrador de la propiedad. “Yo no he venido a la política a hacer dinero. Yo sé ganarme la vida. Me ganaba la vida mejor antes de ser Presidente de Gobierno. He perdido dinero con la política.” Resulta chocante que argumente esto y acto seguido se aferre al cargo: “No abandonaré la responsabilidad que me han entregado los españoles”. Entonces de dimitir ni hablamos.

Otra declaración sorprendente: “Cada vez que el partido ha detectado una irregularidad, ha actuado”. Claro, que sí. Ha actuado usando el sistema para dar indultos a personajes afines y desterrar a jueces incómodos. Carromeros, Banqueros y otros kamikazes. Ya sabemos cómo funciona la ley y quién hace la trampa, Señor Rajoy.

Antes de irse, insinuó falta de pruebas para elaborar un juicio, que ese juicio deberían hacerlo los tribunales y no otras instancias. Incluso invocó la figura de la presunción de inocencia, que, como señalaba el abogado David Bravo (@dbravo y su tuit), es una figura jurídica que se aplica en relación entre el acusado y el tribunal. Se necesita que una persona esté acusada en firme para que esto sea posible.

 La pantalla se apagó en el cuchitril de la prensa en la sede de Génova 13. Sin embargo no dejamos de percibir al Presidente como una marioneta. Detrás del atril, mirándole a través de la pantalla profiláctica, casi sentimos cómo se apretaban los miembros de su equipo de comunicación política debajo del escenario de guiñol. Movían los hilos como los han movido otras veces, con absoluto desatino, haciendo que el presidente pareciera enrabietado y que las palabras que profería tuvieran un tono que no deberían tener. Mariano está asustado, el vendaval es fuerte. Confía en sus asesores, mientras se deja llevar por ellos. Lee el discurso que le han preparado. Como si la presión le hubiera dejado medio muerto, diez minutos antes de la comparecencia y lo hubieran tenido que mover con varillas e hilos, haciendo de él un show televisivo apto para todos los públicos.

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2 pensamientos en “Rajoy, El teleñeco

  1. Pingback: El fin de las citas | Periodista en Serie

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